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2009/10/22

MARRUECOS (XI): M'SOURA UN CROMLECH NEOLÍTICO DEL SIGLO IV (!?)

Todas los libros-guía de viaje hablan de un monumento megalítico en M'soura, M'zora o Mezora a unos 30 kilómetros de Asilah.
Lo comparan con el británico de Stonehenge o los bretones de Carnac, lo datan hacia el 2000 a.C. y lo proclaman como el hermano de éstos en la fachada atlántica del norte africano.

Acordamos con Rachid, nuestro taxista favorito, un viaje al sitio en su trabajado Mercedes y en menos de una hora de carreteras secundarias y alguna pista llegamos al yacimiento.
Un anciano enfundado en su chilaba aparece nada más llegar y nos entrega unas hojas fotocopiadas y mil veces manoseadas. Una de ellas, con su fotografía de cuando luchaba contra los españoles en las guerras coloniales, le acredita como guarda del monumento. Las otras, en castellano, francés e inglés describen los megalitos y hablan de Stonehenge y de los dólmenes de Antequera.

El monumento consta de un círculo de 167 monolitos rodeando un túmulo de 55 m. de diámetro. El menhir más alto tiene más de 3 m de altura y es llamado por los lugareños El Uted (puntero).
This etching is made by John Palmer
This etching is made by John Palmer (sales@johnpalmerdesigns.com)



Sin embargo, el cromlech no es tan antiguo como se dice. El arqueólogo Enrique Gozalbes Cravioto en su interesante artículo "El monumento protohistórico de Mezora" no duda en datarlo como del siglo IV o incluso del III a.d.C. Se trataría de la tumba de un reyezuelo local.

La primera referencia al túmulo la hace Plutarco, afirmando que fue encontrado por el general romano Sertorio y que lo consideró la tumba del gigante Anteo (fundador mitológico de Tingi-Tánger)

El agradable anciano que hace la labor de conservador del monumento nos cuenta en árabe una leyenda de la zona. Rachim nos la va traduciendo, frase a frase, en su limitado castellano:

“Hace muchos años llegaron hasta aquí dos bereberes del Sous y comenzaron a excavar el túmulo para apropiarse de sus tesoros. Cuando estaban en esa labor apareció una bella mujer negra. Ësta llevaba en sus brazos un niño con aspecto de diablo que mamaba de sus pechos. Conminó a los saqueadores para que dejaran de excavar la tumba:

- Todas las riquezas que hay aquí pertenecen a los niños huérfanos y no podéis apropiároslas.
Los bereberes no le hicieron caso y aquella noche desparecieron. Se cuenta que uno de ellos apareció en la costa, desnudo y con todos los objetos de oro que había robado transformados en hierro
"
El relato tiene elementos comunes a otras leyendas europeas: el oro enterrado, su transformación en hierro, los genios protectores... El hecho de que los expoliadores fuesen bereberes del Sous los distanciaba de los pobladores de la región, fueran árabes o bereberes del Rif.

Con respecto a la población de la zona, Rachid (árabe) nos indica que “antes no había bereberes, que éstos bajaron de las montañas rifeñas huyendo de las hambrunas que allí se desataron en los años 50” (?). Los describe como orgullosos de ser los habitantes primigenios de Marruecos, “un poco como en España los catalanes, o... ¿son los vascos?”

Volvemos a Asilah por la carretera de la costa donde se alternan los viejos pueblos de problemática supervivencia junto a los nuevos chalets y urbanizaciones de los vecinos ricos del norte.
(2009-0-17)

2009/10/21

MARRUECOS (X): ENTRE LARACHE Y LIXUS, EL SERPENTEANTE LUCUS

Desde Asilah un grand taxi nos lleva, junto a 4 pasajeros más, hasta Larache. Asentada en una colina en la desembocadura del río Lucus, Larache es hoy una ciudad que añora los viejos tiempos y que intenta poder revivirlos. Su plaza elíptica, circundada de edificios de la época colonial y con vistas al Atlántico, es una maravilla que espera una pronta restauración.


Nada más entrar a la vieja medina encontramos otra plaza elíptica, más excéntrica (en su significado geométrico), porticada y con un mercado tradicional.
Las calles que confluyen en esta plaza hablan de años de abandono y deterioro e indican un nivel de vida bastante inferior al de Asilah.
El pasado colonial español de Larache es todavía reconocible en sus fuertes semiderruidos, en los nombres de calles o en las iglesias invadidas por la vegetación.

Calle del Jartzi


Cuesta del Jam(an)


Calle de los Asara


Homenaje al cordobés Averroes

En un petit taxi bordeamos el puerto (en el estuario del Lucus), cruzamos el río y llegamos a los pies de Lixus.
Lixus fue un asentamiento fenicio, luego púnico, más tarde ciudad romana y, ahora, un montón descuidado de ruinas.


Recorremos las ruinas en compañía de un joven con escasos conocimientos lingüísticos. ¡Cuanto te echamos en falta, Ladón!
Según los clásicos, ésta es una de las localizaciones del Jardin de las Hespérides, vigilado por el dragón políglota Ladón (post del 2009/09/16)
anterior)
El chaval que nos acompaña es hijo de Mukhtar el guía al que tan bien retrata (así como todo este lugar) el escritor Luis Pancorbo en un artículo de El País del pasado Agosto.

Los meandros del oued Lukus se extienden en la verde llanura hasta donde se pierde la vista. La blanca Larache, sucesora de esta Lixus abandonada, se apiña en torno a un promontorio frente a nosotros, el azul turquesa del tramo final del río se funde con el azul, casi añil, del Atlántico.

Volvemos a Larache paseando junto a antiguas salinas y marismas repletas de blancas gaviotas.


(2009-9-16)